Comentario de un texto de Pilar Rahola


Ese estúpido ruido

 

Pilar Rahola LA VANGUARDIA 2008 

Este artículo nace de una vocación lejana que ha ido relegándose en el tiempo, superado por las contingencias inmediatas. Al fin y al cabo, no hay nada más seductor, para los plumillas de la opinión, que la rabiosa actualidad, y ésta siempre viene sobrecargada de inquietudes. Sin embargo, cada vez que entro con mi hijo en una tienda de ropa para jóvenes, siento el mismo cabreo y la misma voluntad de irme corriendo del fatídico lugar y buscar un ordenador para gritar algún artículo. Ayer me pasó de nuevo, y ya no soy capaz de superar la tentación.

Hablemos, pues, de ellas, de las tiendas de ropa para jóvenes, esos espacios que emulan un escenario de guerrilla urbana de PlayStation, con sus jeeps y decoraciones de Rambo, y cuya oferta clónica, a medio camino entre la estética okupa y la pijería descafeinada, convierte a nuestros jóvenes en escaparates de gusto escaso. Sin embargo, mi problema no es con la estética, al fin y al cabo los designios de la moda son, como los del Señor, inevitablemente inescrutables. Y nadie, de cualquier edad, está libre de pecado…

No, mi problema es con el ruido atronador que castiga los tímpanos del personal con machacona insistencia y horrorosa impunidad, nada más entrar en los susodichos locales. Raramente se escapa ninguno de ellos a esta furia de los dioses que algunos llaman música y otros llamamos puro ruido.

Y así, no se sabe exactamente por qué, los compradores de ropa para jóvenes tenemos que pasearnos entre perchas y escaparates, mientras un intento de grito musical destroza nuestros oídos y nos deja con la cabeza hecha un bombo. Generalmente se trata de piezas del hit parade del mal gusto, puestas a volumen de altavoz de manifestación, berreando un intento de palabras, cuya significación es tan insustancial como los estudios musicales del cantante de turno.

¿A quién se le ocurrió? ¿Qué cerebrito tuvo la idea de considerar que, para comprar ropa, los consumidores teníamos que sufrir una especie de tortura cósmica, en forma de cerdo gritando en el ritual de la matanza? Preguntarse, por qué además todas las tiendas de este tipo de ropa repiten el ritual del estruendo huracanado, como si fueran clones de la estupidez, es preguntarse demasiado, no en vano todas han perdido su propia personalidad, si es que algún día la tuvieron.

Y así, cuando nuestros hijos tienen necesidad de ropa nueva, prácticamente no queda otra alternativa que tomar aspirinas, dejar el gusto musical en casa y someterse a la tortura del decibelio por obra y arte de algún cretino de la moda, que ha decidido asociar adolescencia con imbecilidad musical. Cuando ello les ocurra, permítanme un consejo. Quéjense, protesten, cambien de tienda, busquen la que baja un poco el volumen, y hagan saber a los sufridos empleados – que tienen que padecer tamaña tortura todo el día- que han comprado menos porque no han aguantado el alarido musical. Ya sé que es puro consuelo de tontos, pero, miren, menos da un peine.

De la anécdota a la categoría. ¿Qué ocurre en esta sociedad ruidosa, que lejos de buscar un poco de silencio, busca desesperadamente más ruido para añadir al bullicio ambiental? Fíjense en los funerales.

Antes considerábamos que la expresión máxima de respeto y de amor al fallecido era el silencio. Ese silencio solemne, casi sacramental, que acompañaba los últimos momentos del féretro, en su camino hacia la definitiva soledad. Ahora, esos momentos se aplauden, como si el aplauso fuera una forma superior de respeto, como si hacer ruido acompañara algo más en el dolor del tránsito.

Otros ejemplos abundarían en el hecho de que nuestra sociedad no solo está enferma de ruido ambiental, sino que ha desarrollado un miedo atávico al silencio, como si éste fuera la expresión más hiriente del vacío. Y, sin embargo, nada hay más completo que el silencio. En fin. Sociedad ruidosa, vida ruidosa, tanto que el ruido se ha convertido en una forma de compañía, incluso cuando resulta un agresivo intruso. Quizás los torturadores de las tiendas de ropa para jóvenes creen, en su delirio, que destrozar los tímpanos es seductor. El problema, es que les funciona.

  1. Coherencia : resumen, tema y estructura organizativa del texto.(3puntos)
  2. Caracterización del texto.(3 puntos)
  3. Comentario crítico  (1 punto)

CUESTIONES   ( 1,5)  Se debe escoger un análisis sintáctico de los dos.

        Analiza sintácticamente esta oración:

“Quéjense, protesten, cambien de tienda, busquen la que baja un poco el volumen, y hagan saber a los sufridos empleados – que tienen que padecer tamaña tortura todo el día- que han comprado menos porque no han aguantado el alarido musical. “

        Analiza sintácticamente esta oración:

 

“Sin embargo, cada vez que entro con mi hijo en una tienda de ropa para jóvenes, siento el mismo cabreo y la misma voluntad de irme corriendo del fatídico lugar y buscar un ordenador para gritar algún artículo. Ayer me pasó de nuevo, y ya no soy capaz de superar la tentación.”

        ANALIZA MORFOLÓGICA Y SINTÁCTICAMENTE LOS   “QUE”

Línea 1,línea3,línea7,línea 16.

        Analiza la estructura , la categoría   y sus formantes  :

impunidad, , permítanme, fuera, quéjense.

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